Tras la publicación de un artículo que cuestionaba la cronología del sitio, tres cartas científicas independientes publicadas en Science refutaron las tesis del estudio, señalando errores metodológicos y una interpretación errónea de la evidencia arqueológica.
El sitio arqueológico Monte Verde, pilar fundamental para entender el poblamiento temprano de América, ha logrado cerrar filas frente a un intento de reinterpretar su historia. Recientemente, tres cartas científicas publicadas en la prestigiosa revista Science —lideradas por destacados investigadores como Tom D. Dillehay, Michael R. Waters y David J. Meltzer— desarticularon las conclusiones presentadas en marzo pasado por Surovell y otros, que sugerían que el sitio podría ser mucho más reciente debido a supuestos procesos fluviales de redeposición.
La comunidad científica especializada fue contundente: las tesis que ponían en duda la antigüedad de 14.500 años de Monte Verde II carecen de sustento empírico sólido.
Los errores del cuestionamiento
Las refutaciones publicadas ponen el foco en tres ejes críticos que invalidarían el estudio original:
- Ausencia de excavación directa: Las críticas señalan que Surovell et al. no analizaron directamente la estratigrafía del sitio, basando sus conclusiones en observaciones realizadas a una distancia de hasta 4 kilómetros. Al respecto, Tom D. Dillehay, investigador principal del proyecto, comparó el estudio con «hacer la biografía de una persona viva sin haber sostenido nunca una entrevista con ella».
- Confusión con la Tefra Lepué: Los expertos desmintieron la presencia de esta capa de ceniza volcánica (de 11.000 años) en los niveles de ocupación humana, argumentando que los autores del estudio confundieron formaciones minerales con material volcánico debido a simples similitudes visuales.
- Inconsistencia ante la evidencia física: La hipótesis de una redeposición fluvial fue calificada de insostenible. La presencia de estructuras de madera, fogones, huellas humanas y masas de algas preservadas in situ habría sido destruida por cualquier corriente de agua con la fuerza necesaria para mover materiales pesados.
Evidencia irrefutable
Más allá de la fecha cronológica, los investigadores subrayaron la robustez de las décadas de trabajo interdisciplinario en el sitio. La datación por luminiscencia (OSL) de las arenas base, que sitúa el terreno en el Pleistoceno tardío, y el hallazgo de restos faunísticos de gonfoterios y paleolamas, consolidan la veracidad de la ocupación pre-Clovis.
Además, el respaldo llega desde la paleogenómica. Según el investigador David J. Meltzer, la divergencia genética de las poblaciones americanas hace 15.700 años hace necesaria y coherente la existencia de presencia humana en el sur de Chile hace 14.500 años, alineándose con lo hallado en Monte Verde.
Un legado que trasciende fechas
Monte Verde es mucho más que un número en un calendario geológico. Representa un tesoro de conocimiento sobre las primeras sociedades humanas en el continente, con restos de viviendas, herramientas de piedra y madera, y una biodiversidad excepcional que refleja conocimientos botánicos que aún persisten en las comunidades del sur de Chile.
Actualmente, el material arqueológico —custodiado por la Universidad Austral de Chile y regulado por el Consejo de Monumentos Nacionales— permanece como testimonio inalterable de un poblamiento que, lejos de ser cuestionado, se reafirma ante el mundo como uno de los hitos más relevantes de la arqueología universal.










