Inicio / Opinión / Opinión: Diputados Fantasma: el nuevo récord nacional de ausentismo con dieta completa

Opinión: Diputados Fantasma: el nuevo récord nacional de ausentismo con dieta completa

Por Ramón Espinoza candidato a Diputado Distrito 25.

Mientras millones de chilenos se levantan cada mañana, luchando contra la inflación, la micro que no pasa y el sueldo que no alcanza, más de 100 diputados simplemente no se levantaron. O sí, pero no para trabajar.

La Cámara de Diputados amaneció vacía: sin quórum, sin debate y sin vergüenza. Un “bochorno histórico”, dijeron los medios. Yo prefiero llamarlo por su nombre: abandono de deberes políticos con sueldo pagado.

Porque no estamos hablando de voluntarios. Estamos hablando de personas que ganan más de 5 millones mensuales, con asesores, viáticos, pasajes y hasta café gratis en Valparaíso. Y aún así, no llegan a sesionar.

En cualquier otro trabajo, faltar sin aviso te cuesta el empleo. En el Congreso, te cuesta… un 2 % de la dieta.

Sí, 160 mil pesos de multa. Una propina, no una sanción.

¿Y si repiten la gracia? No pasa nada. La ley chilena es tan generosa con los irresponsables que podrían faltar un mes entero y seguir cobrando con sonrisa en la foto oficial.

 La política como teatro vacío

El Congreso hoy se parece más a una función cancelada que a una institución republicana.

Los actores no llegan, el público se aburre y el guion sigue siendo el mismo:

disculpas, comunicados, y cero autocrítica.

Lo más grave no es el papelón mediático; es el mensaje que se envía:

que legislar da lo mismo, que la responsabilidad es optativa, que la democracia funciona con piloto automático.

Y claro, después nos preguntamos por qué la gente no cree en la política.

Quizás porque mientras el país se endeuda, los hospitales esperan y los municipios hacen malabares con presupuestos ajustados, nuestros diputados no pueden ni llegar a la hora.

Un mínimo acto de decencia

No se trata de izquierda ni derecha. Se trata de dignidad pública.

Chile necesita representantes que no teman mirar a la cámara y decir:

“yo vine a trabajar, no a cobrar”.

Quizás ha llegado la hora de algo tan básico que parece revolucionario:

asistir, cumplir y rendir cuentas.

Que cada ausencia injustificada se publique en tiempo real, con nombre y apellido.

Que cada multa se triplique.

Y que los ciudadanos, al votar, tengan frente a ellos un dato tan simple como poderoso:

cuántas veces estuvo presente el candidato cuando Chile lo necesitó.

La democracia no se muere por falta de enemigos.

Se muere por falta de asistentes.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *