El toxicólogo Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la UNAB, explica cómo el material particulado afecta no solo a las zonas cercanas, sino que se desplaza hacia otras áreas debido al viento y las altas temperaturas.
La emergencia que enfrentan las regiones del Biobío y Ñuble ha encendido las alarmas no solo por la pérdida de infraestructura, sino por un enemigo silencioso: la contaminación del aire. Según explica Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), los efectos de estos siniestros se proyectan de manera severa sobre la salud pública.
La quema de vegetación libera al ambiente sustancias peligrosas como óxidos de nitrógeno, azufre, dióxido de carbono y material particulado fino. Estos compuestos no solo irritan los ojos y la piel, sino que pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio y afectar el corazón.
Grupos de riesgo y síntomas clave
El experto enfatiza que, si bien toda la población debe cuidarse, existen grupos prioritarios que deben extremar precauciones:
- Niños y niñas.
- Personas mayores y embarazadas.
- Pacientes con enfermedades crónicas (Asma, EPOC o patologías cardíacas).
«En estos grupos, el humo puede exacerbar cuadros respiratorios y generar descompensaciones que requieren atención médica inmediata», advierte Torres.
El factor climático: Un agravante
Las condiciones actuales del verano chileno juegan en contra. Las altas temperaturas y el viento facilitan que el material particulado viaje hacia zonas alejadas de los focos de incendio, ampliando el radio de impacto. Además, la sequía prolongada hace que el humo persista por más tiempo en el ambiente.
Recomendaciones y señales de alerta
Para protegerse de la toxicidad del aire, el especialista recomienda:
- Cerrar puertas y ventanas para evitar el ingreso de humo.
- Limitar la actividad física al aire libre.
- Priorizar la protección de los grupos de riesgo.
¿Cuándo acudir a urgencias? Resulta vital estar atentos a las siguientes señales:
- Alteraciones en el ritmo respiratorio o cardíaco.
- Ruidos extraños en el pecho al respirar.
- Mareos intensos o náuseas.
- Dolor torácico o sensación de ahogo persistente.
«En medio de esta catástrofe, la prevención y el cuidado de la salud se vuelven parte inseparable de la respuesta frente a los incendios forestales», concluye el académico.











