Valoro la entrada en vigencia de la Ley N.º 21.834, conocida como “Ley Antipelotazos”, porque entrega nuevas herramientas para enfrentar una práctica que representa un riesgo permanente para la seguridad de los recintos penales.
Sin embargo, la ley por sí sola no será suficiente si no existe una estrategia preventiva que considere también las condiciones del entorno exterior de la cárcel.
En el caso del Complejo Penitenciario de Alto Bonito, en Puerto Montt, resulta fundamental limpiar, despejar y mantener bajo control el perímetro exterior del recinto —especialmente en el sector colindante con Bosque Mar— eliminando maleza, vegetación, escombros y otros elementos que faciliten que terceros se oculten o se aproximen para intentar lanzar elementos prohibidos hacia el interior de los módulos de reclusión.
«Conocedor de la realidad interna, puedo señalar que la seguridad debe comenzar mucho antes de llegar al muro perimetral.»
Un entorno despejado permite mejorar la visibilidad, facilitar la vigilancia y generar mejores condiciones de observación para la labor de los centinelas apostados en las garitas de vigilancia del perímetro.
La prevención también se construye desde fuera de la cárcel.
Cesar San Martín
Analista Penitenciario















