El 7 de mayo de 1995 quedó grabado como la mayor catástrofe vial en la historia de la Región de Los Lagos. Un socavón de 15 metros, provocado por un temporal implacable, cobró la vida de 27 personas en la ruta hacia Ensenada. Hoy, la comunidad recuerda a las víctimas con respeto y reflexión.
Se cumplen 31 años de una fecha que la zona sur del país no puede, ni quiere olvidar. El 7 de mayo de 1995, la noche del domingo se transformó en una pesadilla cuando un tramo de la Ruta 225, que une Puerto Varas con Ensenada, simplemente desapareció bajo la fuerza de la naturaleza, arrastrando consigo sueños, familias y esperanzas.
Aquella jornada no fue una cualquiera. Durante 48 horas, un temporal de proporciones descargó cerca de 200 milímetros de agua. La presión fue excesiva para la alcantarilla ubicada bajo el terraplén en el kilómetro 8, la cual colapsó, socavando la tierra y formando una grieta mortal de 15 metros de ancho y profundidad.
La oscuridad y el abismo
Alrededor de las 19:00 horas, bajo una lluvia torrencial y una oscuridad total, el peligro se volvió invisible. Uno tras otro, los vehículos comenzaron a precipitarse al vacío:
- El saldo: Una camioneta, un jeep, cuatro automóviles y un camión con acoplado cargado con madera cayeron al socavón.
- Las víctimas: 27 personas perdieron la vida, incluyendo familias completas que regresaban de un día de descanso.
En medio del horror, surgió la figura de Ludwig Kodjambassis, el único sobreviviente de la tragedia. Tras lograr salir milagrosamente del abismo, Kodjambassis se convirtió en un héroe inesperado al lograr alertar a otros conductores, evitando que la cifra de fallecidos fuera aún mayor.
70 horas de angustia
La magnitud de la emergencia movilizó a todos los estamentos de la región. Voluntarios de Bomberos, personal de Salud, Carabineros, el Ejército y la Armada trabajaron sin descanso durante más de 70 horas en labores de rescate y recuperación de cuerpos, en un escenario de devastación que conmocionó a todo Chile.
Hoy, un memorial en el lugar de la tragedia recuerda los nombres de quienes partieron esa noche. A más de tres décadas, el Estero Minte no es solo un punto geográfico, sino un símbolo de la fragilidad humana ante la naturaleza y un recordatorio permanente sobre la importancia de la seguridad en la infraestructura pública.
A 31 años, la Región de Los Lagos mantiene viva la memoria. Respeto y paz para las 27 víctimas del Estero Minte.







