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Opinión :Escuelas Protegidas: el imperativo de asegurar el aula para construir el futuro

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Por Rodrigo Díaz

Seremi de Gobierno de la Región de Los Lagos

​La educación es, por esencia, mucho más que la mera transmisión de contenidos académicos en un aula. Es el espacio fundamental donde nuestros niños, niñas y jóvenes descubren sus talentos, construyen sus primeras redes de amistad, abrazan valores ciudadanos y comienzan a proyectar su futuro. Es, en definitiva, el motor de la movilidad social y el corazón de nuestras comunidades.

​Por esta razón, cuando la violencia irrumpe en los establecimientos educacionales, el impacto es devastador. En esos momentos no solo se daña la infraestructura material de una escuela o un liceo; se vulnera directamente el derecho humano y constitucional de miles de estudiantes a desarrollarse en un ambiente seguro, sano y propicio para el aprendizaje.

​Una respuesta concreta a una realidad compleja

​Durante los últimos años, el país ha sido testigo de situaciones complejas que bajo ninguna circunstancia podemos normalizar ni asimilar como parte de la rutina escolar:

  • ​Agresiones y amenazas directas.
  • ​Destrucción de bienes públicos.
  • ​Hechos delictivos que siembran el temor en estudiantes, docentes, asistentes de la educación y familias.

​Frente a esta cruda realidad, el despacho a ley del proyecto Escuelas Protegidas por parte del Congreso representa una señal político-institucional categórica: como Estado y como sociedad, estamos decididos a recuperar el valor de la educación como un espacio de respeto irrestricto, sana convivencia y formación integral.

​Esta iniciativa legal no debe entenderse como una discusión técnico-legislativa abstracta. Por el contrario, constituye una respuesta concreta y urgente a una demanda que las familias chilenas han manifestado con fuerza durante años: la certeza de que sus hijos e hijas estudien en entornos protegidos.

​La confianza de las familias es un valor sagrado

​Las familias son el núcleo de nuestra sociedad. Cada mañana, miles de madres, padres, abuelas, abuelos y cuidadores depositan su bien más preciado y su confianza en las puertas de escuelas y liceos, con la legítima expectativa de que regresen a sus hogares sanos y enriquecidos tras una jornada de crecimiento.

​Esa confianza no puede ser defraudada; es un valor sagrado que debe ser resguardado con rigurosidad por el Estado, los sostenedores, las comunidades educativas y la sociedad en su conjunto.

​La aprobación de «Escuelas Protegidas» es una gran noticia para el país porque sitúa el bienestar del estudiante en el centro de la política pública. Nos permite recordar una premisa fundamental: la seguridad no es un obstáculo para el proceso educativo, sino una condición indispensable y habilitante para que este se desarrolle en plenitud. Simplemente, no puede haber un aprendizaje efectivo ni significativo allí donde imperan el miedo, la incertidumbre o la violencia.

​Un compromiso con el Chile de mañana

​Como Gobierno, reafirmamos nuestra convicción de que la infancia y la juventud deben ser la prioridad absoluta de la gestión pública. Proteger los espacios de formación es, al mismo tiempo, blindar las oportunidades de desarrollo del Chile de mañana.

​Sin embargo, este esfuerzo requiere de la concurrencia de todos los actores: demanda el ejercicio legítimo de la autoridad, el respeto irrestricto por las normas de convivencia y un compromiso ético de las comunidades con el bienestar común.

​Hoy tenemos la oportunidad histórica de consolidar un paso decisivo para fortalecer nuestras escuelas y devolverles la paz que merecen. Porque una escuela protegida se traduce, de manera directa, en una familia más tranquila, una comunidad más cohesionada y un país que apuesta decididamente por el porvenir de sus nuevas generaciones

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